Esperemos que ese gran espíritu que desea Gandhi al final del texto esté por venir lo antes posible.
Estracto de su libro "Historia de mis experiencias con la verdad" o "Autobiografia"
Kalicharán Banerji me había hablado del templo de Kali, que yo deseaba ardientemente visitar, especialmente por lo que había leído en los libros sobre el particular. Fui a verlo un día, precisamente el mismo en que visité al Justicia Mitter, cuya casa estaba muy próxima al templo de Kali. Hileras de mendigos flanqueaban el sendero que conducía al templo. Había también mendicantes religiosos. Ya en aquellos días yo me oponía a dar limosna a los mendigos ro bustos y saludables. Una multitud de ellos comenzó a perseguirme. Uno de los mendigos religiosos estaba sentado en la galería exterior. Me detuvo y se me acercó:
—¿Adonde vas, muchacho? —le pregunté. Él nos pidió a mi compañero y a mí que nos sentáramos.
—¿Consideras este sacrificio como una religión? —le pregunté nuevamente
—¿Quién puede considerar una religión el matar animales? —me respondió.
—Entonces ¿por qué no predicas contra esta religión?
—Eso no es cosa mía —replicó el hombre
— Nuestra misión es la de adorar a Dios.
—Pero ¿no puedes encontrar otro lugar en donde adorar a Dios?
—Todos los lugares son iguales para nosotros. Las gentes son como las ovejas en rebaño, que van a donde sus pastores las llevan. Pero eso no es asunto para nosotros los sadhus.
No quisimos prolongar la discusión y seguimos hacia el interior del templo. Fuimos recibidos por ríos de sangre. Yo no logré soportar aquello. Me sentía inquieto y exasperado. Jamás he podido olvidar aquel espectáculo.
Aquella misma noche había sido invitado para cenar con un grupo de amigos bengalíes. En la cena comenté con uno de ellos sobre la cruel manera de adorar a Kali. Me contestó:
—Las ovejas no sienten nada. El ruido y el batir de los tambores en el templo ahogan toda sensación de dolor.
No lo creí y le contesté que si las ovejas pudieran hablar darían una versión muy diferente de la suya. Pensé que aquella cruel costumbre debería quedar suprimida. Me acordé de la vida de Buda, pero comprendí que aquella tarea estaba por encima de mis posibilidades.
Hoy tengo la misma opinión que entonces. Para mí, la vida de una oveja o de un cordero es tan preciosa como la de un ser humano. Yo sería incapaz de quitarle la vida a un cordero para beneficiar al cuerpo humano. Sostengo que cuanto más indefensa es una criatura más derechos tiene a ser protegida por el hombre contra la crueldad del hombre. Pero el que no está calificado para prestar tal servicio no puede procurarle dicha protección. Debo realizar todavía muchas purificaciones y sacrificios antes de poder salvar a esos animales indefensos de un sacrificio que no tiene nada de sagrado. Hoy por hoy debo agonizar en procura del sacrificio y la purificación. Ruego constantemente a Dios para que nazca sobre esta tierra algún gran espíritu, hombre o mujer, encendido en la piedad divina, capaz de librarnos de nuestros horrendos pecados, salvar las vidas de criaturas inocentes y purificar los templos.
¿Cómo es posible que Bengala, con toda su sabiduría, inteligencia, capacidad de sacrificio y de emoción, tolere esta carnicería?

No hay comentarios:
Publicar un comentario