A Henry David Thoreau se le conoce principalmente por su obra Walden y su ensayo Desobediencia Civil, de donde extrajo Gandhi su método de lucha contra el Estado. Muchos le consideran el primer ecologista moderno. De su relación con la naturaleza, además del mismo Walden, he aquí un ejemplo de su diario:
1857
7 de enero [...] No hay nada tan saludable y tan poético como un paseo por el bosque y los campos, incluso ahora en que no veo a nadie que haya salido por placer. Nada me inspira tanto ni estimula tan sereno y fértil pensamiento. Los objetos son edificantes. En la calle y en sociedad, me siento casi siempre mal y disperso, mi vida es inexplicablemente mísera. No hay cantidad de oro ni respetabilidad que la rediman lo más mínimo ―; cenar con el gobernador o con un miembro del Congreso!—; solamente en los bosques y en los campos apartados, en las Vegas y arboledas que recorren los conejos, incluso en un día gris como éste, y triste para la mayoría, en que un aldeano estaría pensando en su taberna, yo vuelvo en mí, me siento una vez más parte de una inmensa familia, y el frío y la soledad son mis amigos. Supongo que ese beneficio equivale en mi caso a lo que otros obtienen mediante la oración y la práctica religiosa. Yo acudo a mi paseo solitario por el bosque lo mismo que el que siente añoranza vuelve al hogar. Así me desprendo de lo superfluo y veo las cosas como son en su espléndida belleza. He dicho muchas veces que paseo siempre casi medio día, pero creo que no me creen. Deseo quitarme de la cabeza Concord, Massachusetts, América, y estar cuerdo una parte del día. Si hay misioneros para los infieles, ¿por qué no me los envían a mí? Deseo saber algo; deseo perfeccionarme; deseo olvidar durante buena parte de todos los días a todos los hombres triviales, intolerantes y mezquinos (y eso normalmente requiere olvidar también todas las relaciones personales); y por eso vengo a estos lugares solitarios, donde el problema de la existencia se simplifica. Me alejo una o dos millas del pueblo y me sumo en la soledad y en el Silencio de la naturaleza, con las rocas, los árboles, las plantas, rodeado de nieve. A veces, llego a un claro del bosque, donde sólo se ven algunas hierbas y hojas muertas en la superficie de la nieve, y es como si me acercara a una ventana abierta. Veo lo que hay fuera y a mi alrededor. Nuestras lumbreras están muy lejos de los centros de reunión habituales de los hombres. Las ventanas normales no me satisfacen. Necesito una verdadera lucerna. Y mí verdadera lucerna esta fuera del pueblo. No me expansiono ni me recreo ni me ilumino lo mismo en compañía de los hombres. Da la casualidad de que lo sociable, la ciudad y el condado o el club de granjeros no me parecen lucernas. No me siento transportado en esas circunstancias. Me aburren. El hombre que encuentro no suele ser tan instructivo como el silencio que rompe. Esta calma, esta soledad, esta naturaleza agreste, son una especie de eupatorio o consuelda para mi intelecto. Eso es lo que salgo a buscar. Como si encontrara siempre en esos lugares un compañero extraordinario, sereno, inmortal, infinitamente alentador aunque invisible, y paseara con él. Allí al menos mis nervios se calman, mis sentidos y mi mente cumplen su cometido. Sé muy bien que para la mayoría de mis vecinos sería un suplicio verse obligados a pasar una hora aquí, sobre todo un día gris como éste; y, sin embargo, yo recibo esta dulce e inefable compensación por ello. Es lo más agradable que hago. Es evidente que mis beneficios no son válidos para ellos [...]
Fuente: Diarios (Breve antologia) editorial José J. de Olañeta.

Hace no pocos días, fui a pasear a un pequeño bosque que se encuentra coma a tres horas de la ciudad en la que vivo. Lo que escribe aquí Thoreau es lo que sentí estando allá. Llegué ahí un poco triste, por razones que aquí no diré, pero al regreso de aquel bello lugar, mi estado de ánimo había cambiado drasticamente. ¿Es ese espíritu, esa energía que la madre naturaleza nos da con generosidad siempre?
ResponderEliminarA mi me ocurre los mismo. Después de leer una obra de Thoreau, Walden, comencé a volver a los bosques para dar paseos por los lugares que de niño recorrí. Y ello me ayudó a reecontrarme...
ResponderEliminarcreo que hay pocas actividades mejores que pasear por el campo o bosque para meditar sobre uno mismo y su relación con la vida..