CARTA DE TOLSTÓI A ROCKEFELLER
Hace algún tiempo que el millonario americano Rockefeller escribió a Tolstói para preguntarle cuál era el mejor empleo que podía darse a las riquezas para favorecer a la humanidad. Tolstói le contestó con esta carta:
A las preguntas que me dirige V. para saber hasta qué punto la riqueza es compatible con la doctrina cristiana que V. profesa, le contestaré esto: Sin hablar siquiera de las enseñanzas del evangelio, el simple buen sentido nos dice que la riqueza es, de por sí, incompatible con una vida buena en absoluto.
Creo haberlo demostrado suficientemente en mi escrito: ¿Qué debemos hacer?
El dinero que se guarda en un arca o en un Banco, constituye, sin la menor duda, una orden de cobro para aquel que no lo posee, para el pobre. Poseer estas ordenes de cobro para ejecutarlas si así place, o para amenazar con ellas a fin de patentizar su poder, no es un bien, sino un mal. De este modo aparece el dinero ante el simple buen sentido.
Considerada desde el punto de vista cristiano, la cosa se ve más clara aún. Toda la doctrina evangélica, todo su espíritu, sólo hablan de la vanidad de los cuidados del hombre para asegurar su porvenir, para acumular riquezas, y del deber de portarse, no como el rico de la parábola que amontonaba trigo en sus trojes, sino como el Lázaro pobre. Se dice en el Evangelio: “Los pobres son dichosos y desgraciados los ricos; no se puede servir a la vez a Dios y a Mammon; hay que dar a quien tiende la mano y no volver a tomar lo dado”, y muchas otras cosas parecidas.
Tal es el espíritu de la doctrina cristiana. En el diálogo con el joven rico, la verdad está expresada con tal precisión que es imposible equivocarse. Se dice: “Si quieres ser perfecto, abandona todas tus riquezas y entonces ven hacia mí.”
Para justificar la desobediencia a esta enseñanza, los que se dicen fieles y sólo son falsos intérpretes del texto, citan la expresión: “Si quieres ser perfecto”, para afirmar que la perfección no es de este mundo. Pero estas palabras de Jesús quieren significar: “Si quieres ser mi discípulo.”
Se ha hecho otra tentativa para justificar la transgresión de esta doctrina, a pretexto de que en ella se dice: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.” Esta justificación tampoco tiene fundamento, porque esas palabras no significan en modo alguno que Dios puede salvar también a los ricos, sino que la imposibilidad de abandonar sus riquezas se convierte en una posibilidad para aquel en quien despierta el espíritu divino que alienta en él.
Siento verdadera vergüenza de decir estas vulgaridades y de demostrar lo que es una certidumbre para todo hombre verdaderamente religioso, crea o no en la esencia divina del Evangelio.
León Tolstói

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